Almudena, procedente de una familia ganadera de larga tradición, ha irrumpido con fuerza en un sector históricamente masculino: el ovino de Castilla y León. Su llegada a la Mesa del Lechazo, hace aproximadamente un año, no solo supone un paso adelante en su trayectoria profesional, sino también un hito para la visibilidad de la mujer en el ámbito rural y ganadero.
Un año en la Mesa del Lechazo
Su incorporación se produjo en mayo de 2024, tras la jubilación de su compañero Ignacio, quien ejercía como gerente. Almudena recuerda cómo se dio la oportunidad: “Yo era la persona en la oficina que más conocía el tema de facturación de los lechazos. La junta decidió que asistiera a la mesa cuando fuera necesario”.
Su primera reunión fue precisamente junto a Ignacio, quien la presentó a los asistentes.
“Allí, la única mujer entre muchos hombres y todos muy arraigados en el sector”, comenta con una sonrisa. Con el tiempo, asegura, se ha ido “haciendo un pequeño hueco”.
Una historia de familia
Su vínculo con el mundo ovino viene de lejos. “Yo vengo de familia ganadera. En mi casa siempre ha habido ovejas, desde mi abuelo, luego mi padre y ahora mi hermano, que sigue con la labor”, relata.
Aunque estudió Administración, una jubilación en la cooperativa le abrió las puertas para incorporarse al equipo. “Mi familia era socia, así que decidí echar el currículum”, explica. De eso hace ya casi una década.
Su padre fue uno de los primeros socios de la cooperativa, creada hace unos 40 años. “Siempre he estado entre ovejas, ayudando a ordeñar desde pequeña”, recuerda.
Dentro de la Mesa, su responsabilidad se centra en la negociación colectiva: “Al ser una cooperativa, negociamos el precio en conjunto de todos los ganaderos. Buscamos que todos vean beneficiado el precio de la mesa y obtener el mayor beneficio posible para ellos”.

Rompiendo barreras en un entorno masculino
Almudena reconoce que el sector sigue siendo mayoritariamente masculino, aunque asegura haber sido bien recibida: “Soy una más en la mesa”.
Fue, además, la primera mujer en trabajar en la oficina de la cooperativa, un espacio hasta entonces ocupado exclusivamente por hombres.
“Solo estar allí ya es un logro”, afirma. “El hecho de que me hayan acogido y esté formando parte de la mesa es todo un reto, pero también un avance para la cooperativa y para un sector tradicionalmente masculino”.
Su presencia, asegura, ha contribuido a mejorar el ambiente de trabajo: “Por lo que me han contado, antes los debates eran más intensos. Ahora se negocia de otra manera, más sensata, más suave”.
El futuro del lechazo y la visibilidad femenina
Almudena defiende con orgullo el valor del producto estrella de su tierra: “El lechazo castellano-leonés es la referencia nacional del lechazo en España, tanto para ganaderos como para consumidores y transformadores. La Mesa de Castilla y León es el referente del sector”.
Mira al futuro con esperanza: “Ojalá las nuevas generaciones hagan más visible la presencia femenina. Históricamente, si había una mujer, siempre estaba en la parte de atrás”.
Para lograrlo, considera necesario “motivar la ganadería entre los jóvenes, y especialmente entre las mujeres. Hay que incentivarlas”. Añade, entre risas, una creencia popular: “Siempre he escuchado que cuando lo cría una mujer, el lechazo tiene un pequeño don y una calidad especial”.
Su consejo para las mujeres que quieran abrirse camino en sectores tradicionales es claro:
“Que lo luchen, que sean persistentes. No por ser mujer se está en un nivel inferior. Estamos al mismo nivel, tenemos las mismas posibilidades. Solo hay que buscar nuestro valor, que está ahí, al lado de ellos”.

Orgullo rural
Lo que más valora de su experiencia es el aprendizaje mutuo: “Igual que yo les aporto cosas, ellos me enseñan mucho sobre el lechazo. Cada vez que voy, aprendo algo nuevo, sobre todo de la parte transformadora, que desconocía desde mi posición en la producción”.
Almudena siente un profundo orgullo por representar al entorno rural: “El mundo rural hay que llevarlo por bandera, decir que aquí estamos”.
Reivindica la importancia de quienes viven y trabajan en los pueblos: “Gracias a la gente del medio rural, toda la cadena alimentaria funciona”. Y concluye con un mensaje claro: “Hay que seguir luchando para que esto se mantenga y no se acabe extinguiendo el tema de los pueblos”.
